Chile y el Parlamento (Congreso Nacional) que queremos

Congreso valpo

Quien ha tenido la experiencia de trabajar en el Estado chileno se ha llevado más de una sorpresa. No obstante, poco se ha dimensionado lo que nos sorprende y lo que hemos asumido al experimentar desde adentro: su cultura y funcionamiento.

Según el Servel en la última elección parlamentaria y presidencial existió una abstención de 58,2%. Si sumamos el dato que el Congreso chileno es una de las instituciones con menos confianza del país tenemos un problema de sumo complicado.

CONFIANZAINSTla(s) 22.08.22

Con un nivel de confianza de 9,3% el Congreso Nacional está muy por debajo de Carabineros (43,8), Radios (43,0), Municipalidad (33,0), Fuerzas Armadas (32,8), Iglesia Católica (28,7), Diarios (27,3), Televisión (22,1), Gobierno (17,4), Grandes Empresas (16,1), Tribunales de Justicia (19,2) y sólo supera a los Partidos Políticos (7,1). Encuesta UDP 2013.

Si la confianza en el Congreso como institución es un problema, también lo es su evaluación pública.

Evaluación Camara de Diputados

Con porcentajes en torno al 20% de aprobación tanto para la Cámara de Diputados como al Senado y con un rechazo a ambas cámaras en torno al 60% (Adimark),  esta evaluación de la ciudadanía es parte de una tendencia que sólo ha tenido un cambio que coincide con el fin del gobierno de la Alianza y un nuevo ciclo parlamentario. La aprobación del Senado subió 19 puntos, para llegar al 40 de aprobación, mientras que la Cámara de Diputados  aumentó 20 puntos y se posicionó en 38% de aprobación (Adimark, Marzo 2014).

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Se podría pensar que la desconfianza y la desaprobación hacia el Congreso Nacional sería parte de un fenómeno compartido con el resto del mundo, sin embargo, los datos de Latinobarómetro en el 2011 señalan que Chile se encuentra por debajo de sus pares latinoamericanos con un (26,6%) –cuanta confianza tiene usted en el Congreso: mucha/algo-, es decir, nos encontramos por debajo de Uruguay (62,6%), Argentina (40,6%), Brasil (30,5%), México (27,9%), Colombia (28,1%). De hecho ya en el 2008 Latinobarómetro observaba como entre los 18 congresos de la región, Chile disminuía ubicándose en el lugar número 14, en cuanto al porcentaje de los encuestados que consideran que el trabajo del parlamento es bueno o muy bueno.

CUADROARGBRA

P22ST.A.- Por favor, mire esta tarjeta y dígame, para cada uno de los grupos, instituciones o personas de la lista ¿cuánta confianza tiene usted en ellas: mucha (1), algo (2), poca (3) o ninguna (4) confianza en…? El Congreso Nacional/Parlamento

 

Las prácticas (el trabajo) en el Congreso.

Martín Tanaka[1] (2010) señala que el estudio del Estado no se ha producido aún porque después del período de las dictaduras, el análisis político se centró en las transiciones democráticas y luego en los estudios sobre las políticas que se fueron implementando. Para este autor, el rol del Estado sería clave como red de instituciones formales e informales en su relacionamiento con la sociedad, distinguiendo el análisis mismo de la dinámica interna estatal que permite comprender, a su vez, las relaciones que establece con la sociedad.

En las últimas semanas la mirada sobre el Congreso Nacional ha estado atravesada al menos, por dos hechos noticiosos, la rebaja de dieta parlamentaria promovida por los diputados y ex dirigentes estudiantiles Giorgio Jackson y Gabriel Boric, y el reportaje de Ciper sobre millonarias asesorías parlamentarias. Ambos hechos apuntan e interrogan los modos de trabajo al interior del Congreso Nacional.

De lo que se trata, particularmente en Chile, diríamos, es de visibilizar el cómo la precariedad del Estado llama a que instituciones como el Congreso Nacional esté atravesado por intereses privados no sólo a nivel nacional-macro (poderes económicos, poderes político-sociales), sino también a nivel local-micro expresado en sus cuadros administrativos y dinámicas laborales sustentadas en culturas organizacionales.

Siguiendo a Rossana Barragán y Fernanda Wanderley (2009)[2], podemos decir que un aspecto central a observar en el Estado es su materialidad concreta: se trate de funcionarios, oficinas e instituciones, o prácticas burocráticas mundanas. Esto implica considerarlo en su desagregación, en su concreción, en sus encarnaciones y en sus funcionarios. Por ello es fundamental también analizar las múltiples y entramadas relaciones de poder en distintos niveles e instancias, así como los complejos juegos de lecturas y reinterpretaciones, silencios, acomodos, invenciones y acatamientos entre diversos actores.

El Congreso Chileno posee la peculiaridad de ser una de las instituciones recuperadas al inicio de la transición democrática. Permaneció cerrado un total de 17 años y el inicio de sus funciones se produjo en las nuevas instalaciones ubicadas en Valparaíso[3], en un edificio cuya construcción no estuvo exenta de polémicas.

Considerando la negativa evaluación ciudadana, la necesidad de las ciencias sociales de auscultar y conocer el Estado no sólo en su dimensión histórica sino en su dimensión organizacional e institucional y el marco epocal en que nos encontramos (discusión sobre una nueva Constitución), etc., es que resulta necesario indagar sobre el Congreso que tenemos (y que queremos).

La cuestión a preguntarse es:

A. ¿Puede el Congreso Nacional chileno hacerse cargo de la negativa evaluación ciudadana tomando medidas al respecto?.

B. ¿Puede la sociedad civil organizada levantar acciones para mejorar el Congreso que tenemos?.

Sobre A. Desde el Congreso:

Se suele pensar que un cambio sustancial del Congreso chileno es un problema que podría solucionarse con el fin del sistema binominal y un poco de voluntad (ahora en el marco de una futura nueva Constitución), por cierto que es un factor determinante, pero más allá incluso de la responsabilidad de los ciudadanos con su voto y las calidades individuales. La cuestión central aquí es el trabajo de representación y el cuadro administrativo parlamentario en donde el sentido de cuerpo se encuentra actualmente severamente dañado.

El Congreso Nacional es el órgano constitucional de representación popular de Chile. Una rápida sociología de las organizaciones aplicada al Congreso Nacional diría que las líneas de mando (administración), gestión (llevar a cabo) y la cultura organizacional (la conversación sedimentada) se encuentran escindidas para llevar a cabo la misión de representación popular.

Como pocos lugares, el Congreso chileno parece ser una institución acéfala y carente de un pensamiento corporativo.

Captura de pantalla 2014-04-22 a la(s) 15.16.42¿Sabía usted que el órgano superior de la Cámara de Diputados es la Sala (los 120 diputado/as) cuyos presidentes duran un año en ejercicio?. Atravesado por 24 años de sistema binominal, una cultura de clientelismo y débil función de representación, el Congreso chileno teniendo un enorme potencial de recursos pensados para un vínculo ciudadano (tv, radio, registro de sesiones, etc.) ha sido incapaz de generar un proyecto corporativo de representación popular.

La Corporación. La Cámara de Diputados actual es gobernada por un Presidente (Aldo Cornejo) y dos Vicepresidentes (Lautaro Carmona y Rodrigo Gonzalez), la organización administrativa de la Cámara de Diputados se encuentra dividida en dos grandes áreas: Subsecretaría Legislativa y Subsecretaría Administrativa.

OrganigramaSin duda la complejidad del trabajo legislativo y de representación popular exige un fuerte cuadro administrativo, en este caso compuesto por más de 450 trabajadore/as. La Subsecretaría Legislativa de la Cámara de Diputados es responsable de la dirección, organización y coordinación de los diferentes procesos, actividades y tareas de apoyo a las funciones de legislación, fiscalización y representación que competen a la Cámara de Diputados y a sus miembros.
Por su parte la Subsecretaria Administrativa comprende la Dirección de Administración, Oficina de Personal, Dirección de Finanzas, Departamento de Informática, Relaciones Públicas, Servicio de Alimentación y Personal de Administración. Ambas áreas a cargo de El Secretario General, el Prosecretario y el Subsecretario Administrativo (elegidos por la Cámara en votación secreta y por la mayoría absoluta de los miembros presentes), funcionarios de la planta de la Corporación, cuya función principal es dirigir la adecuada ejecución de las labores de apoyo administrativo necesarias para el correcto desarrollo de las labores legislativa, fiscalizadora y de representación que realiza la Cámara de Diputados.

En suma, considerando los últimos 4 años han existido el mismo número de mesas directivas ¿En qué medida algunos de estos gobiernos corporativos se han hecho responsable de la negativa evaluación y confianza ciudadana?. Cabe señalar algunas iniciativas puntuales, que por ahora no es necesario comentar aquí, aún así de ellas se desprenden la necesidad de crear, ampliar y profundizar buenas prácticas vinculadas al trabajo con la ciudadanía y la rendición de cuentas (accountability), no sólo como atómicas iniciativas de un buen diputad/a y senador/a, sino como cuestiones que debiesen inspirar el trabajo parlamentario conjunto y con ello las labores del cuadro administrativo del Congreso en un proyecto a construir.

Sobre B. Desde la sociedad civil organizada: Rendición de cuentas y Empoderamiento.

Sobre la segunda pregunta hay mucho que recorrer. Un ejemplo lo constituyen las iniciativas al modo de Observatorio Parlamentario a través del uso de TIC’s.

Ciudadano Inteligente

 http://www.ciudadanointeligente.org/

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Otro ejemplo es la plataforma sobre el trabajo parlamentario en USA que entrega visualizaciones interactivas que permiten explorar los patrones que se dan en la generación de leyes en el congreso de Estados Unidos, comparar los proyectos de ley y resoluciones según qué congresista ha introducido un determinado tema, y observar su progreso en el tiempo (aporte informativo de Paloma Baytelman) http://legex.org/app.html

No obstante, pensar este problema desde la soberanía implica una pregunta que va más allá del Managment, se trata de pensar una reforma estatal con un proyecto estatal. Al decir de Garretón, hablamos de un cambio en la matriz sociopolítica (el conjunto de relaciones institucionales y no institucionales que implican Estado y sociedad), es decir, el sistema de representaciones, la base socioeconómica cultural y el régimen político.

Continuará

[1] Martín Tanaka (compilador). El Estado, viejo desconocido: visiones del Estado en el Perú. Lima. IEP. 2010.

[2] Rossana Barragán y Fernanda Wanderley. Revista de Ciencias Sociales. Núm. 34, Quito, pp. 21-25. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Sede Académica de Ecuador. Mayo 2009.

[3] Polémica que se reactiva una y otra vez, últimamente a raíz de los incendios de las viviendas ubicadas en los cerros frente al Congreso. La evidencia de la desastrosa planificación urbana y sentido de ciudad,  vuelve la pregunta acerca del sentido que el Congreso se sitúe en Valparaíso y más aún cuál es su aporte.

 

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